sábado, 7 de junio de 2014

 
 


Un murmullo de ojalás de espaldas a la pared.
Sangra la herida sin esperanza de parar.
Si cesaran todas las palabras,
las canciones de desamor,
los poemas tristes.
Que paren las miradas cómplices,
aquellos ojos traviesos que llaman a mi cuerpo,
y mi cuerpo, débil y solo se convierte en espuma y agua de mar.
Tú respiras en mi cuello,
 y yo no hago nada.
Me rozan tus labios,
y yo, no hago nada.
Tu boca en la mía,
tu cuerpo a mi lado descansa,
mi cuerpo acompaña al tuyo,
 mi alma sola, vaga en la noche, en la mañana,
en mitad de tempestades que no atisbas a saber.
Mi musa y tus manos, juegan en mi pelo,
lo desordenan, lo enredan, lo hacen suyo.
Ella también me abandona para seguir por sus caminos.
Belleza de amaneceres en brazos del tiempo, del silencio que grita...
Acierto a escuchar tus palabras en mi oído,
también todas las que nunca me dijeron mirándome a la cara,
 y mi pecho late, se duele, se acongoja,
está sola mi alma nadando en mitad de noches,
hasta que tú llegas y recoges lo que nadie ha querido de veras.
Yo que nada valgo ,que soy nada,
 me acurruco entre tus brazos,
y sueño con que salga bien,
con que no dejes de amarme,
con amarte como antes amaba,
antes de que todos los que ahora gritan silencio
partieran mi alma.
 
 
 

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